Los ríos y mares del planeta están cada vez más contaminados por aguas residuales que contienen sustancias nocivas. Los peces y mariscos más intoxicados son los que se encuentran en los ríos, y sus desembocaduras, contaminados por deshechos de fábricas y laboratorios. Aquí una guía básica para entender qué está pasando con la fauna marina y cómo saber diferenciar y poder elegir la mejor opción a la hora de comer pescado.
Publicado 18 de enero de 2022
Por: Marina Martelli
Fuente: Canva
Contaminación de ríos y mares
El mercurio es una de las sustancias más peligrosas, lo ingieren los peces a través del plancton, las algas, moluscos y microorganismos pasando así a la cadena alimentaria (el pez chico es comido por uno mediano, luego el más grande se come al mediano y finalmente llega al humano). Por eso se recomienda especialmente que las mujeres embarazadas no coman peces de gran tamaño como atunes, pez espada, tiburón, lucio o halibut. El mercurio es un metal pesado muy tóxico que puede producir deformaciones en los embriones, trastorno de crecimiento en niños y alteraciones metabólicas entre otras dolencias. Si la intoxicación por mercurio es aguda puede producir daños renales, cerebrales y del sistema nervioso.
Es muy común que el pienso de los animales de granja industrial (vacas, cerdo, pollos y huevos, peces y mariscos, que se encuentran en los supermercados y carnicerías convencionales) esté compuesto por harina de pescado con altas concentraciones de mercurio. El mercurio pasa indefectiblemente a la leche, los huevos, y la carne de estos animales, para terminar en la cadena alimenticia de los humanos. Una razón más para elegir muy bien a la hora de comprar.
Otra sustancia súper tóxica son los Bifenilos policlorados o policlorobifenilos (PCB) que se encuentran en los pesticidas, fluidos hidráulicos, aceites y aislantes eléctricos. El PCB está considerado, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), como uno de los doce contaminantes más tóxicos fabricados por el ser humano. La legislación actual limita el uso de estos compuestos. En Estados Unidos su fabricación está prohibida desde 1977 y en Alemania desde 1983. Aunque, lamentablemente, es una sustancia que por su uso indiscriminado desde 1930 ya se puede encontrar en todos los mares y océanos del planeta. Especialmente se concentra en los peces. Es una sustancia que no se degrada fácilmente y puede permanecer durante siglos. A nivel fisiológico el PCB es un disruptor endócrino, altera el sistema nervioso y contribuye a padecer distintas condiciones como alteraciones del sistema inmune, infertilidad, problemas dermatológicos y hasta el desarrollo de distintas formas de cáncer.
Pequeñas jaulas de pesca que se utilizan para pesca artesanal sin dañar el medio ambiente.Foto: Costa de Fife, Escocia.Fuente: Archivo personal
Consumo responsable
Cuando consumimos pescado, además, deberíamos ser conscientes de cómo éste fue pescado. Podemos evitar el pescado que provenga de pesca de altura con redes de arrastre. Consiste en una gran red que puede llegar a medir hasta 60 kilómetros de largo donde queda enredada todo tipo de fauna marina que no es para consumo humano como delfines, tortugas e incluso hasta ballenas pequeñas que no se pueden escapar y terminan muriendo de una forma dolorosa e injusta. Este tipo de pesca debería estar prohibida pero lamentablemente se sigue implementando en todo el mundo y es el tipo de pesca que se puede encontrar en la mayoría de los supermercados y restaurantes convencionales. Hay zonas marítimas donde los barcos-factoría (los que se especializan en pescado enlatado y congelado) han hecho y siguen haciendo estragos en la biodiversidad marina. Lo mejor, dentro de lo posible, es elegir pescados que hayan sido atrapados por embarcaciones pequeñas o de pesca con anzuelo.
En Estados Unidos existen algunos supermercados con una orientación más ecológica y eligen vender pescados provenientes de una pesca más sustentable donde se tiene más consciencia con la regeneración del medio ambiente. Existen algunos barcos o piscifactorias en el norte de Estados Unidos, Groenlandia y en Canadá que desarrollan una pesca sustentable e incluso que pescan con anzuelo.
Una aplicación muy buena es la del Acuario de Monterey, en California, llamada en inglés Monterey Bay Aquarium Seafood Watch. Consiste en una guía que se actualiza día a día para poder identificar el origen de los pescados y mariscos que uno consume, su nivel de contaminación y si han sido pescados de forma sustentable sin dañar su ecosistema. También recomiendan algunas piscifactorias que trabajan de forma limpia con la alimentación que les dan a sus peces y la forma en la que procesan sus deshechos; aunque criar peces fuera de su hábitat natural no es el escenario ideal. Este organismo monitorea los métodos de pesca en todo el mundo por lo cual es útil también para quienes viven en otros países.
Complejo de piscifactoría en Acre, Brasil.Fuente: Wikipedia
Piscifactorías convencionales
Al igual que las vacas, cerdos y gallinas, los peces también son sometidos a un encierro, comida balanceada, antibióticos y hormonas u otras sustancias, que los hacen crecer rápido para poder sacrificarlos y venderlos lo antes posible. En el caso de los peces de piscifactoria convencional se los cría en grandes estanques o represas superpobladas. Asfixiados por sus congéneres, sólo pueden sobrevivir si se les suministran grandes cantidades de antibióticos y otros medicamentos. El pienso con el que se los alimenta es a base de restos de carne y grasa de la industria (restos que ya vienen llenos de toxinas), harina de pescado y huesos, hormonas, conservantes, etc. En el caso de las truchas y los salmones se les incluye en el pienso un colorante llamado Cantaxantina para que su carne se vea más rosada. Esta sustancia causa retinopatía cristaliniana (nombre genérico para designar distintas afecciones de la retina) en el ser humano. Los salmones de granja suelen tener el doble de grasa que los salmones salvajes, en la grasa es donde guardan más toxinas en especial policlorobifenilos o PCBs (ver más arriba).
Beneficios nutricionales del pescado
¿Comemos pescado sí o no? Si llevamos una alimentación omnívora una porción de pescado o mariscos frescos dos a tres veces por semana es muy saludable, siempre y cuando sepamos identificar de dónde vienen, su posible nivel de contaminación y cómo fue atrapado o criado. Lo ideal es que podamos comprarlo lo más fresco posible.
Los pescados se clasifican según su contenido en grasa. Se dividen en tres categorias:
Pescados Azules o Grasos:
Su contenido en grasa puede alcanzar hasta el 10%, según las especies. La sardina alcanza entre un 8 y 10%. Esta grasa se almacena debajo de la piel y en la carne oscura del pescado. Pertenecen a este grupo: sardina (sardine), anchóas (anchovy), palometa (pompano), caballa (mackerel), jurel (horse mackerel), atún (tuna), bonito (skipjack), salmón (salmon), anguila (eel), pez espada (swordfish).
Pescados Semigrasos:
Contienen un nivel de grasa superior 2,5 % sin sobrepasar el 6%. Algunos de los pescados semigrasos son el besugo (sea bream), trucha(trout), salmonete (red mullet), dorada y lubina (bass).
Pescados Blancos o Magros:
Su contenido en grasa no sobrepesa el 2,5 %. La cantidad de lípidos varía mucho de unas especies a otras. El menor índice lo tiene el bacalao con solo un 0,2% de grasa. Estos peces viven en zonas profundas y al no realizar grandes desplazamientos no necesitan acumular grasa. Ésta se acumula en el hígado. Por eso se recomienda consumir el aceite de hígado de bacalao para obtener Omega 3 en estado puro. Abadejo (pollock), fletán(halibut), lenguado (sole), platija (flounder), bacalao (cod), mero (grouper), rodaballo (turbot), merluza (hake), gallinetas (rock fish) son algunos de los pescados blancos.
La grasa del pescado es rica en ácidos grasos poliinsaturados y ácidos grasos omega 3. Estos ácidos son los que disminuyen los lípidos, incluido el colesterol, y por eso reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares, presión arterial y viscosidad sanguínea.
El pescado es un alimento proteico que se digiere más fácil que el pollo, el pavo o la carne roja.
Entre los aminoácidos que abundan en la proteína del pescado figura la lisina (necesaria para los niños en crecimiento) y el triptófano (imprescindible para la formación de la sangre).
Aporta vitamina A, vitamina D, vitamina E (que ejerce un efecto protector antioxidante), vitaminas del grupo B, en especial B12.
En cuanto a oligoelementos aporta yodo, hierro, potasio y calcio. Por ejemplo, su contenido en yodo es unas 25 veces mayor que el de otras proteínas de origen animal.
Puesto de venta de pescado en Copenhagen, Dinamarca.Fuente: Archivo personal
Recomendaciones al comprar pescado:
Lo ideal es comprar pescado fresco del día. Sin que haya pasado por el congelamiento o ningún otro proceso. El pescado no debe oler. Si tiene “olor a pescado” es que se ha inicicado su proceso de descomposición y no es seguro comerlo. Por eso lo mejor es comprarlo el mismo día que fue capturado y debe oler a agua de mar. Si esto no es posible se puede recurrir al pescado congelado salvaje o que provenga de una psicifactoría con acreditación de empresa sustentable.
La primera recomendación para asegurarnos de su frescura es elegirlo entero (luego el pescadero puede quitarle la cabeza, sacarle las escamas y limpiarlo por dentro).
Elegir especies chicas, cuanto mayor es el tamaño del pescado mayor será su contaminación con metales pesados y pesticidas que hay en el mar.
Los ojos de un pescado fresco deben verse brillantes y claros. Si lleva mucho tiempo en el hielo se opacan, se hunden y se les forma un halo blanquecino.
Las escamas deben verse brillantes.
Las branquias de un pescado fresco se ven de color rojo claro y compactas, se separan fácil si uno las toca. Un pescado en mal estado tiene las branquias pálidas y pegadas unas con otras.
Si uno presiona con el dedo su carne debe volver a su sitio rapidamente, si está viejo se queda la marca del dedo.
Las vísceras pueden distinguirse unas de otras y se desprenden con facilidad. En un ejemplar que se está pudriendo las vísceras se ven opacas, como una masa pegajosa y del mismo color.
Si compramos filetes, pencas o postas, también la carne debe verse fresca y brillante, no debe tener olor alguno salvo oler a mar (que no es lo mismo que huela a puerto o a descomposición).
Recomendaciones para comprar mariscos:
Preferentemente elegir crustáceos (langostas, langostinos, camarones) enteros y crudos porque así podemos ver su frescura. Los ojos y las antenas deben verse brillantes y erguidas.
Si los compramos freezados procuramos que puedan separarse facilmente, si tienen formaciones de hielo dentro del paquete indica que se rompió la cadena de frío. Evitar los que vienen pelados, suelen quedar desabridos y acuosos en comparación con los que vienen son su caparazón.
Los moluscos o mariscos bivalvos (dos conchas) que estén sin congelar, deben verse sin las conchas abiertas. A veces el bivalvo se abre pero si uno lo toca y se cierra de inmediato es un buen signo de que sigue vivo. Descartamos todos los bivalvos (mejillones, berberechos, ostras) que podamos identificar como muertos antes de consumirlos.
Nunca debemos comer un marisco si le sentimos olor a amoníaco. El marisco fresco, al igual que el pescado fresco, huele agradable.
Recomendaciones a la hora de cocinar pescado:
El pescado se cocina muy rápido, lo ideal es que quede jugoso y compacto pero que se corte fácilmente con un tenedor.
No hace falta salarlo demasiado ya que de por sí es un alimento salado.
Lo ideal es acompañarlo con hojas verdes, crudas o cocidas, para ayudar a digerirlo y ayudar a eliminar las toxinas de nuestros intestinos.
También se puede acompañar con un par de cucharadas de alguna verdura de fermentación natural y jugo de limón recién exprimido.
Recetas con pescado: Pasta de sepia con calamares, Langostinos al azafrán
Links para profundizar sobre bifenilos policlorados
Creadora de Hábitat. Marina se especializó en periodismo gastronómico y producción de fotos durante 15 años en Buenos Aires, Argentina. Actualemente vive en Houston, Texas. Desde el 2015 es asesora de nutrición holística y se dedica a atender consultas, da clases de cocina energética, charlas sobre alimentación y vida sustentable, clases de yoga y meditación. En su tiempo libre escribe ficción, dibuja, estudia, explora la fotografía y disfruta la vida junto a su pareja y su hijo.