No es nuevo que la industria de los alimentos se basa en cientos de aditivos ingenierizados para que los productos que se fabrican sean baratos y agradables de color, textura y sabor. Las nuevas investigaciones científicas revelan que, además, están diseñados para generar dependencia.
Publicado 18 de enero de 2022
Por: Marina Martelli
Un estudio realizado en el 2010 por un grupo de científicos nutricionistas sacó a la luz que el 82.1 % de los estadounidenses excede la cantidad de “azúcar agregada” permitida por día a través del consumo de comidas ultraprocesadas. La comida ultraprocesada es una combinación de exceso de sal, azúcares, grasas y aditivos. Estas sustancias todas juntas generan una respuesta inmediata de placer en el cerebro que incita a comer más para estar cada vez más satisfecho. Estos productos están directamente relacionados con una epidemia de enfermedades autoinmunes, obesidad, enfermedades cardiovasculares, desbalances hormonales, síndrome metabólico, diabetes tipo 2 y cáncer. Las personas que conviven con estas dolencias saben que los productos procesados es lo primero que tienen que cortar. Pero ¿por qué no lo hacen? Porque están totalmente sumergidas en una situación parecida a la drogodependencia. La industria lo sabe y apuesta a más. Productos como los chips de papas, la pizza congelada, las golosinas, el helado y las hamburguesas generan antojos insaciables y la incapacidad de decir basta o de ser controlado en su consumo. Están diseñados con ingredientes ingenierizados como ciertos espesantes, “sabores naturales” o artificiales, sal, azúcares agregados, colorantes y grasas, sustancias especialmente pensadas para generar placer y adicción desde el momento que se huelen. En mis consultas lo puedo experimentar con todas aquellas personas que consumen un exceso de productos industriales, cuando se someten a una desintoxicación los primeros días los síntomas son compatibles con una desintoxicación por drogas o alcohol: cansancio, debilidad, dolor de cabeza, irritabilidad, ansiedad, tristeza y desesperación. En Estados Unidos se observa que el 88% de los adultos sufre de algún trastorno metabólico, el 70% tiene sobrepeso, el 35.7 % de los adultos tiene obesidad. Los niños han empezado a sufrir diabetes Tipo 2, piedras en la vesícula y síndrome del hígado graso cuando era algo impensado que podría ocurrir años atrás. Las alergias y las intolerancias alimentarias son cada vez más comunes tanto en niños como en adultos.
¿Qué es la comida ultraprocesada?
La comida ultraprocesada se define por tener cinco o más ingredientes en su composición. El azúcar, la sal, las grasas, los saborizantes y la cafeína (usada en bebidas) son las sustancias adictivas principales.
Azúcar para todos
“La dosis determina el veneno”, Paraselsus, 1537.
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El 74% de los productos industriales tiene alguna forma de azúcar. Hasta los productos salados tienen azúcar agregada. Esto quiere decir que muchas comidas industriales como una salsa de tomate de lata o de frasco, salsas para ensaladas, sopas, embutidos, comida de bebés, comidas congeladas o listas para calentar contienen una o varias formas de azúcar: fructosa, sucralosa, jarabe de maíz de alta fructosa, jarabes, miel (modificada) y/o agave son algunos de los nombres. Existen 262 nombres para camuflar el azúcar, la mayoría son indetectables para el consumidor. La fructosa genera una respuesta inmediata de placer y suele ser más tóxica que la glucosa. Un análisis econométrico realizado en 156 países, tanto desarrollados como en desarrollo, en un periodo entre 1995 y 2014 demostró que a mayor consumo de productos industriales y comida rápida mayor prevalencia de diabetes y prediabetes. Otro estudio publicado por JAMA Internal Medicine se llega a la misma conclusión. Al principio del Siglo XX el consumo de azúcar diario en Estados Unidos era de 15g por día. Cien años más tarde, al principio del Siglo XXI el consumo diario de azúcar escaló a 94g por día. En 1975 se introdujo por primera vez el “Jarabe de maíz de alta fructosa” reduciendo el costo del azúcar un 50% y permitiendo utilizar ese nuevo ingrediente barato en una gran variedad de productos que antes no contenían azúcar. El 50% de la leche que se consume en los colegios es saborizada y azucarada. Las bebidas carbonadas son más económicas que el agua. Solo en el 2006 la industria de los alimentos destinó $1.05 billones de dólares en publicidad de comida procesada y bebidas carbonadas dirgida a niños y adolescentes. Una locura. A pesar de que la fructosa y la glucosa tienen las mismas calorías (4.1 kcal/gm) ambas se metabolizan de forma distinta. La glucosa es importante para el buen funcionamiento del organismo. Tanto que si no consumimos nada nuestro hígado la genera en un proceso que se llama glucogénesis mezclando aminoácidos y ácidos grasos. Por el contrario, la fructosa refinada es difícil de metabolizar por el hígado y cuando se consume de más se produce una acumulación de grasa promoviendo una resistencia a la insulina, triglicéridos y sobrepeso. El consumo de fructosa proveniente de alimentos industriales lleva a inhibir la grelina, una hormona que nos ayuda a identificar que ya no tenemos más hambre. La fructosa se encuentra naturalmente en las frutas pero en la industria se utiliza de forma refinada, esto quiere decir que no tiene la fibra natural de las frutas, fibra necesaria para una lenta absorción, lo que se obtiene es una sustancia dulce concentrada parecida a una droga en potencia.
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La sal
En la comida industrial los alimentos tienden a ser extremadamente salados, por un lado para que duren más tiempo en las góndolas, por otra parte, para ayudar a encubrir sabores o realzar un gusto determinado. Y así como sucede con el azúcar (que las comidas saladas suelen contener azúcar) los productos dulces suelen contener sal. La comida salada estimula el apetito y contribuye al antojo por comidas grasosas y a compensar con más dulce. La sal que se utiliza en la industria es un ingrediente refinado que contiene aluminio al igual que la llamada “sal de mesa”, tema que me interesa mucho y profundizo en un artículo especial sobre la sal. Los productos altos en sodio llevan a la hipertensión, retención de líquidos y a comer en exceso. Algunas personas que persiguen una alimentación baja en sodio no saben que los productos dulces, las salsas industriales y hasta los cereales del desayuno contienen gran cantidad de sal y pueden llegar a dudar de que con una buena alimentación se puede mantener a raya la hipertensión.
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Grasas
Las grasas que usa la industria para producir sus productos son, en general, de muy baja calidad. Usualmente la grasa está asociada a carbohidratos simples (bollería o facturas, masas, papas, pizza, galletas) que en conjunto generan un efecto inmediato de placer (sube el índice glucémico generando euforia) para que al poco tiempo la persona necesite consumir más de lo mismo porque está con un pico de hipoglucemia. La grasa en sí misma no es el problema. Necesitamos grasa para mantenernos saludables. Nuestro cerebro necesita grasa para funcionar correctamente. El problema es la calidad de las grasas que se consumen. La grasa de mala calidad, como los aceites hidrogenados y margarinas, causan problemas cardiovasculres y desórdenes metabólicos.
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Cafeína
La cafeína genera una dependencia comprobada en los seres humanos. Los niños y los adultos que consumen bebidas carbonadas no solo son drogadependientes al azúcar, también, sin querer, lo son a la cafeína que contienen. En muchos productos la cafeína está encubierta dentro del “sabor natural”. Usualmente el consumidor de bebidas carbonadas también lo es de comida chatarra o rápida. El exceso de azúcar compensa el exceso de sal. Una bomba de tiempo lista para generar un problema de salud crónico.
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¿Cómo saber si sos adicto a la comida procesada o al azúcar?
Antojo compulsivo o un fuerte deseo de consumir un producto empaquetado determinado
Sentís cansancio, irritación, cambios de humor, tristeza si no lo consumís
La ansiedad te lleva a comer apurado, parado, caminando, manejando, o a levantarte en el medio de la noche para comer
Cada vez necesitás más cantidad para sentir saciedad
Es difícil cortar con el hábito o directamente es impensable intentar cortarlo
Interfiere con tus actividades diarias. Ponés excusas para poder consumirlo
Los síntomas se agravan y se extienden por días al hacer una desintoxicación
Algunas estrategias para evitar la comida procesada y ultra procesada:
Crear un diario de alimentación para identificar los alimentos que más nos generan antojo o ansiedad.
Mantener la comida industrial fuera de casa.
Reemplazar por opciones más saludables como por ejemplo: reemplazar golosinas y barritas de cereal por frutos secos sin procesar, frutas frescas, dátiles, pasas de uva y semillas sin procesar (crudas, sin aceites, sal o azúcar).
Bajar los niveles de estrés con actividades como la práctica de ejercicio físico, yoga, tai chi, meditación, leer, hacer trabajos creativos, estar en contacto con la naturaleza, caminar.
Limitar las reuniones sociales donde sólo haya comida comprada o industrial. Otra opción es llevar la propia vianda u ofrecerse para cocinar y llevar algo saludable. Siempre es bueno explicar que se está en un proceso de mejorar la salud.
Establecer una alimentación variada que incluya cereales integrales (quinoa, mijo, trigo sarraceno, avena, arroz integral) bien cocinados, legumbres, vegetales (en especial los vegetales de hoja verde), frutas frescas y secas, semillas, buenos aceites, frutos secos sin procesar, kéfir, huevos de campo, pescado salvaje y carnes de pastura (pollo, cerdo y carne roja).
Creadora de Hábitat. Marina se especializó en periodismo gastronómico y producción de fotos durante 15 años en Buenos Aires, Argentina. Actualemente vive en Houston, Texas. Desde el 2015 es asesora de nutrición holística y se dedica a atender consultas, da clases de cocina energética, charlas sobre alimentación y vida sustentable, clases de yoga y meditación. En su tiempo libre escribe ficción, dibuja, estudia, explora la fotografía y disfruta la vida junto a su pareja y su hijo.