HABITAT
ALIMENTACIÓN Y MEDIO AMBIENTE

Alimentación. Consumo responsable

Saber de dónde proviene lo que estamos comprando es parte de nuestra responsabilidad como consumidores conscientes. Si tenemos la posibilidad de elegir lo que vamos a consumir podemos ayudar a frenar la deforestación indiscriminada, una de las metas primordiales en estos próximos años, para que las generaciones que nos siguen puedan seguir habitando el planeta.
Publicado 24 de febrero de 2023
Por: Marina Martelli
Para una alimentación omnívora más sustentable debemos buscar pequeñas granjas de animales de pastura que se enfoquen en el cuidado respetuoso de sus animales y tomen medidas sobre el impacto medioambiental.
Foto: Canva
Podemos ser más responsables con nuestra alimentación.
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La industria de la carne, lácteos y otros productos procesados

Dentro de la alimentación industrial la que más contamina es la industria de la carne. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) esta industria emite el 14,5% de gases de metano y dióxido de carbono, gases de efecto invernadero.
Las cantidades de excrementos de los animales se cuelan y contaminan con nitratos el agua corriente que consumimos y el agua del riego de los cultivos, a eso hay que agregarle los medicamentos (suministrados a los animales para que sobrevivan) que también van a parar al agua, y finalmente a los oceános, generando un desequilibrio en el hábitat de los animales marinos.
Para sostener la alimentación del ganado a escala industrial hay que deforestar. Cada año se necesitan talar más bosques y selvas para producir soja y maíz de baja calidad para poder abastecer la demanda de las industrias ganaderas.
Para quienes no quieren dejar de consumir proteína animal no se trata de dejar de comerla, pero sí se puede plantear dejar de comer un exceso de carne y poner la atención de dónde proviene.
La solución, en términos de sustentabilidad, son las pequeñas granjas ecológicas, de bajo impacto medioambiental, el respeto al bienestar animal y la cría de animales autóctonos en su propio entorno natural. Es un producto más caro pero sostenible, más saludable para el consumidor y el planeta. Seremos más responables si reducimos la cantidad semanal de carne y mejoramos la calidad.
Si seguimos una alimentación como la dieta mediterránea, ésta incluye de tres a cuatro raciones de 100g de proteína animal a la semana (incluyendo pavo, pollo y pescado) serían no más de 400g de carnes totales por semana, lo suficiente para mantener el nivel saludable de proteína animal que necesita nuestro cuerpo, siempre teniendo en cuenta la edad, la actividad física y si existe alguna condición médica previa.
Un tip para no pasarse con el consumo de carne es tratar de consumirla dentro de un salteado como un chop suey, un guiso o estofado acompañada de muchos vegetales. La porción de proteína animal no debe superar el tamaño de la palma de nuestra mano (solo la palma, sin contar los dedos).
Para producir aceite de palma se ha devastado el 80% de los bosques naturales de Borneo.

Aceite de Palma

Así mismo la industria de muchos otros productos también es muy dañina. Para obtener el aceite de palma, el más usado en los productos industriales (galletas, panificados, chocolates, margarinas veganas y productos de belleza), se talan cada año grandes extensiones de selvas tropicales dañando el hábitat de miles de animales que se quedan al borde de la extinción. La especie de palmera llamada Elaeis guinensis es plantada de forma masiva por su rápido crecimiento y la ganancia que da la extracción de su aceite. Las zonas más afectadas son Malasia e Indonesia. En los últimos 30 años se han devastado el 80% de los bosques de Borneo. Esta barbarie con la naturaleza está contaminando la tierra y el agua con los productos químicos que se destinan al crecimiento de estas plantaciones, facilitando las inundaciones torrenciales que afectan a las pequeñas comunidades que intentan sobrevivir.
Ser vegano o vegetariano no implica comer saludable ya que existen miles de productos con la etiqueta de “vegano”, “orgánico” o “natural” que contienen aceite de palma. Es muy común, que el vegano o vegetariano compense la falta de proteína animal con productos industriales, un exceso de harinas, azúcar, sal y productos que asemejan carne o subproductos llenos de aditivos y químicos. Que diga orgánico, 100% natural o 100% vegetal no quiere decir que es saludable y/o sustentable. Un producto industrial puede ser totalmente orgánico pero contener grandes cantidades de carbohidratos, azúcar, sal y/o grasas como el aceite de palma que incluso puede pasar despercibido dentro de más de 200 nombres alternativos que se le pueden dar y que además, a largo plazo, resulta muy perjudicial para la salud humana y para el planeta. ¿Qué podemos hacer ante ante la presiónb de la industria para que consumamos sus productos?
Al consumir frutas y vegetales frescos, carnes biológicas y de pastura, aceites de primera presión en frío y granos y legumbres de cultivos orgánicos nos aseguramos una alimentación equilibrada y saludable.
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Tips para consumir comida de forma más responsable:

  1. Comprar frutas y verduras de temporada. Consumir las frutas y verduras de estación va de la mano de nuestras necesidades biológicas y, además, se encuentran a un precio mucho más accesible. Una manzana cosechada y vendida de inmediato va a tener muchos más nutrientes que una manzana que ha estado almacenada meses en un frigorífico hasta ponerla a la venta.
  2. Comprar con certificación orgánica y si es local mucho mejor. Las frutas y verduras orgánicas son mucho más sabrosas y, si no han pasado por cámaras frigoríficas y la venta se produce poco después de su cosecha, su sabor es mucho más intenso. Tus comidas quedarán más ricas y nutrituvas por más simples que sean. Un tomate de verdad con un chorrito de un buen aceite de oliva de primera presión en frío puede convertirse en una verdadera delicia sin necesidad de invertir gran cantidad de tiempo en preparar una receta.
  3. Debemos prestar atención, no siempre comprar local es comprar calidad y sustentabilidad, muchas veces el producto puede estar cargadao de fertilizantes, pesticidas y herbicidas. Lamentablemente debemos conocer el origen de lo que nos vamos a llevar a la boca. Por otro lado, puede pasar que algunos pequeños productores locales no tienen el dinero suficiente para certificar sus productos. Si tenés la oportunidad de ir a una feria charlá con ellos para saber cómo tratan a sus cultivos o animales.
  4. Cada vez hay más emprendimientos sustentables. Para que perduren debemos apoyar la compra de productos que provengan de pequeñas cooperativas, granjas o huertas que se enfocan en la calidad, cuidado y sustentabilidad de los ingredientes.
  5. Cada vez hay más ferias de productores orgánicos y/o sustentables, podemos buscar la mejor opción dentro de la ciudad o cumunidad donde vivimos.
  6. Consumir lo justo y reducir el desperdicio. Aprender a darle una vuelta a las sobras del día anterior y aprovechar los restos vegetales para hacer compost y mejorar la calidad de los nutrientes de la tierra del jardín o de las plantas que tenemos en maceta.
  7. Aunque vivamos en un espacio reducido siempre podemos tener una pequeña huerta en macetas, cada temporada podremos disfrutar de una orgullosa cosecha propia.
  8. Evitar los productos empaquetados, procesados o ultraprocesados. En reemplazo podemos dedicarle un día a la semana a producir galletas, pan, salsas y condimentos o buscar versiones artesanales y locales.
  9. Evitar el plástico de un solo uso. Podemos llevar nuestras bolsas reusables a todos los negocios que sabemos que nos daran una bolsa de plástico. Evitar la comida que viene en envase de plástico o espuma de poliestireno (styrofoam en inglés) y aprender a reciclar correctamente nuestros deshechos.
Aprovechá las ferias de pequeños productores. Fotografía de una feria callejera en París.
Foto: Archivo personal
Marina Martelli
Creadora de Hábitat. Marina se especializó en periodismo gastronómico y producción de fotos durante 15 años en Buenos Aires, Argentina. Actualemente vive en Houston, Texas. Desde el 2015 es asesora de nutrición holística y se dedica a atender consultas, da clases de cocina energética, charlas sobre alimentación y vida sustentable, clases de yoga y meditación. En su tiempo libre escribe ficción, dibuja, estudia, explora la fotografía y disfruta la vida junto a su pareja y su hijo.