HABITAT
ALIMENTACIÓN Y MEDIO AMBIENTE

Consumo de leche de animales y salud

Casi todas las leches de los animales, incluída la humana, contienen nutrientes similares. La diferencia es que las proporciones de estos nutrientes varían con la especie porque se corresponden con las necesidades de crecimiento de cada animal. La leche de vaca contiene el doble de proteínas que la leche humana porque el ternero duplica su peso en 50 días mientras que el humano lo hace en 100 días. Gran parte de las alergias, las inflamaciones y las intolerancias alimentarias desaparecen al eliminar de la dieta los lácteos, en este artículo explico un poco la razón.
Publicado 14 de enero de 2022
Por: Marina Martelli
En el 2022 el 10% de los bebés que nacen en Estados Unidos sufre alguna alergia o intolerancia relacionada al exceso de proteínas de la leche de vaca.
Foto: Canva

Proteínas de la leche animal y salud humana

Las intolerancias alimentarias pueden manifestarse con síntomas que uno no atribuiría al alimento en sí como por ejemplo dolor de cabeza, agua de la nariz, dolor articular, cambios en el humor. Los lácteos, además, generan mucosidad (una respuesta alérgica de nuestro cuerpo) y la tendencia a que aparezcan enfermedades digestivas o condiciones respiratorias: acidez, reflujo, sinusitis, asma, bronquitis, etc.
Debemos tener en cuenta que no es lo mismo la leche que se consume hoy en comparación con la que se consumía hace cien o mil años atrás. La raza de vaca que se utiliza en la actualidad para la producción de lácteos contiene una proteína llamada beta-caseína-A1, mientras que la leche humana, así como la leche de cabra, oveja, búfala e incluso otras razas de vacas, producen otro tipo de proteína llamada beta-caseína-A2. La proteína de las vacas lecheras modernas (beta-caseína-A1) va contribuyendo a la permeabilidad intestinal. El riesgo se incrementa cuando además la leche es combinada con azúcar como en el caso de consumirla en postres, dulces, yogures azucarados y helados. El consumo de leche y azúcar crea una incidencia aún mayor de casos de otitis, amigdalitis y faringitis, tan comunes en niños pequeños. En la adolescencia y adultos está relacionada con el acné, dermatitis crónicas, alergias, colon irritable, gastritis. Además no olvidemos que la leche industrial viene de vacas hacinadas a las que se les suministra antibióticos para controlar la mastitis que se hacen en sus ubres. Los antibióticos y la pus de la inflamación pasan a la leche. Son sustancias que no se degradan con la pasteurización generando enfermedades autoinmunes y tumores. Como novedad, ahora existen en el mercado unas leches comerciales que se jactan de ser de vacas que producen la proteína beta-caseina-A2.

Intolerancia a la cantidad de proteína que contiene la leche de vaca

A mediados del Siglo XX se pensaba que la leche de vaca era un sustituto perfecto de la leche materna. Ahora se sabe que no, la leche de vaca aporta demasiada proteína y muy poco hierro. El aparato digestivo del bebé humano está recién formándose cuando nace y las partículas de las proteínas de la leche de vaca son demasiado grandes para digerirlas y pueden pasar directo a la sangre. Estas partículas provocan una respuesta inmune que se va incrementando con cada ingesta hasta que empieza un cuadro de intolerancia o de alergia. El 10% de los bebés que nacen en Estados Unidos sufre una reacción al exceso de proteínas de la leche de vaca. Dentro del mundo animal los humanos somos los únicos que siguen consumiendo leche una vez que empezamos a comer sólidos y naturalmente los nutrientes que aporta la leche de la vaca se pueden reemplazar perfectamente por otros alimentos.

Intolerancia a la lactosa en adultos

Para digerir la leche necesitamos una enzima que se llama lactasa; esta enzima es necesaria para poder sintetizar la lactosa (el azúcar de la leche). La lactasa se encuentra en abundancia dentro del intestino delgado de los bebés, esta enzima empieza a declinar a partir de la salida de los primeros dientes; algunas personas logran mantener ciertos niveles de esta enzima hasta la edad adulta, aunque la gran mayoría cada vez menos. Cuando una persona carece de la enzima lactasa, e ingiere leche todos los días, la lactosa no puede ser metabolizada por el intestino delgado y llega al intestino grueso donde se encuentran las bacterias que la metabolizan en forma de dióxido de carbono, hidrógeno y metano (gases que causan inflamación y molestias). La lactosa extrae agua de la pared intestinal provocando hinchazón, constipación o diarreas. En la actualidad el grupo étnico que más tolera la lactosa son los escandinavos, seguidos por los franceses y alemanes, descendientes de un grupo humano que para sobrevivir hace miles de años tuvieron que sufrir una mutación genética que les hacía producir lactasa hasta la edad adulta.
Distinto es el consumo de queso, yogur o kéfir de fermentación natural especialemnte de leche de cabra u oveja. El queso artesanal y los quesos curados (quesos duros) contienen muy poca lactosa ya que al pasar por el proceso de fermentación ésta va desapareciendo. Por otro lado las bacterias del kéfir generan enzimas que ayudan a digerir la lactosa y que siguen activas durante todo el proceso de digestión. Evitar a toda costa los quesos bajos en grasas (comercializados como light) ya que se les quita la grasa rompiendo la lactosa en azúcares simples que, al no tener forma de aglutinarse, se les agrega un alto porcentaje de almidones y otras sustancias ingenierizadas.
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¿Calcio y la prevención de la osteoporosis?

Muchas mujeres se preocupan cuando se les plantea la posibilidad de reducir o eliminar la leche de vaca de la alimentación diaria, especialmente por el consejo de muchos médicos de no dejar de tomar lácteos para poder prevenir la osteoporosis. En los últimos años están apareciendo cada vez más estudios que contradicen esta tradición. El tejido óseo está formados por proteínas y fosfato de calcio. Para tener huesos fuertes necesitamos una buena dosis de proteínas y calcio en nuestra alimentación. Sin embargo, los lácteos están lejos de ser la panacea al problema de la osteoporosis. China y japón son los países con menos consumo de lácteos y los que menos sufren fracturas óseas. Sin duda los lácteos contienen calcio pero para que el cuerpo pueda asimilarlo necesitamos que el alimento también contenga magnesio, boro o vitamina D. Tanto los lácteos como la carne contienen una alta concentración de fósforo que inhibe la absorción del calcio en los huesos.
La clave para tener huesos fuertes radica en mantener una alimentación variada, basada en plantas, moderada en carnes, yogures naturales o kéfir y reducir los productos industriales. Mantener una buena actividad física regular estimula a las hormonas que a su vez favorecen la construcción de tejido óseo. Algunas vitaminas como la vitamina D junto con la K ayudan a fijar el calcio en los huesos. La vitamina D debe ser siempre monitoreada en los exámenes médicos de rutina (los médicos funcionales recomiendan que los niveles estén arriba de 50). Afortunadamente tenemos otros alimentos de origen vegetal que nos aportan calcio de fácil absorción como las algas, la legumbres bien cocinadas, las semillas (en especial el sésamo que también es rico en magnesio), amapola, chia, los frutos secos activados, los vegetales en general, hojas verdes como el kale y las crucíferas (coles, brócoli, etc), tomates secos al sol, el tofu y el tempeh (orgánicos). Si acompañamos estos alimentos con vitamina C ayudaremos a mejorar la absorción.
El problema no es solo si nos alimentamos de ingredientes ricos en calcio también debemos ser conscientes de si nuestra alimentación nos está permitiendo absorber el calcio de forma correcta. Los alimentos que inihiben la absorción de calcio son: los azúcares simples, el alcohol, el exceso de proteína animal, las grasas saturadas, embutidos de mala calidad, jugos de frutas industriales, bebidas carbonadas.
Algunos órganos se calcifican cuando se consume demasiado lácteo y nuestro cuerpo utiliza el calcio como elemento mineral para neutralizar un exceso de acidez en los tejidos.
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Conclusión

La leche animal es una fuente de proteínas y grasas nutritivas que sirvieron, en muchas ocasiones, para que el ser humano sobreviva frente a la escasez de otros alimentos y nutrientes. Algunos médicos naturistas sostienen que los niños alimentados con leche de vaca crecen más rápido, y se desarrollan más rápido, pero no sucede lo mismo a nivel cerebral y del sistema nervioso, ya que los aminoácidos de la leche humana son diferentes a los de la leche vacuna. Hoy, teniendo a la mano la posibilidad de alimentarnos de una forma más equilibrada, ha dejado de ser un alimento indispensable. Podemos elegir y podemos reemplazar los lácteos de origen animal por otras fuentes de calcio. Si el consumo del lácteo pasa por una costumbre muy arraigada de tradición familiar y cultural, pero al mismo tiempo nos preocupa nuestra salud y el futuro del medioambiente, se puede optar por un consumo responsable. Tenemos la opción de comprar un lácteo que provenga de una granja pequeña que ha cuidado a sus animales al máximo generando un producto de alta calidad y bajo impacto medioambiental.
Buscar quesos de leches de animales de pastura sin pasteurizar y reemplazar los yogures azucarados por kéfir de leche de cabra (mejor) o de vaca, si se tolera bien, de pastoreo. El kéfir es un lácteo fermentado que por su alta cantidad de probióticos regenera la flora intestinal y mejora los procesos de digestión (un lácteo que se puede tomar en casos de intestino permeable y de intestino irritable). El ghee, o manteca clarificada, es una opción saludable al consumo de manteca o mantequilla ya que la caseína y la lactosa se rompen en el proceso de separación de la grasa. Otro dato, a tener en cuenta, es que la leche de cabra u oveja siempre se digiere mucho mejor que la de vaca debido a que se asemeja un poco más a la leche humana.
Marina Martelli
Creadora de Hábitat. Marina se especializó en periodismo gastronómico y producción de fotos durante 15 años en Buenos Aires, Argentina. Actualemente vive en Houston, Texas. Desde el 2015 es asesora de nutrición holística y se dedica a atender consultas, da clases de cocina energética, charlas sobre alimentación y vida sustentable, clases de yoga y meditación. En su tiempo libre escribe ficción, dibuja, estudia, explora la fotografía y disfruta la vida junto a su pareja y su hijo.